lunes, 2 de junio de 2008

Credo (para días difíciles)

Creo en la salvación de la humanidad, en el porvenir del cianuro.

E.M. Cioran, Silogismos de la amargura.

6 comentarios:

Idea dijo...

Lamentablemente (y digo lamentable porque me gustaría que no lo fuera) creo e lo mismo anque tal vez de otra forma. Beso

Francisco Sianes dijo...

Idea,

Aunque hay excepciones que uno nunca agradecerá bastante y que constituyen un bálsamo para el corazón, me temo que soy un "pesimista antropológico".

Un fuerte abrazo.

***

A todos,

Disculpad que no responda últimamente (como es mi costumbre) a todos los que comentáis estos artículos. Atravieso una atareadísima y estresante etapa laboral, que incluye incluso una persecución del "disidente" (el arriba firmante). Rezaré todas las noches el microcredo y espero volver intacto y remozado del conato de purga.

Afectuosos saludos para todos.

Ex-alumnita dijo...

Hombre Francisco, tener tantas tareas ahora es la consecuencia de suspender a tanta gente... Ahora tendrás que hacerte cargo de tus hobbies.

Te vamos a tener que comprar unas pastillitas de Bromuro de Potasio, que para levantar el ánimo son muy buenas.

Saluditos!

Ah! Y muchas gracias por mi nota; me ha sorprendido mucho, al final no eres tan "Sargento Sianes" :)

Francisco Sianes dijo...

Ex-alumnita,

Ahí arriba os dejo algo. Y disculpad que no estuviera donde me gustaría haber estado. El bromuro no llegó a tiempo.

Un cariñoso saludo.

¡Rompan filas!

Sir John More dijo...

El evangelio según San Emilio... Por cierto, desde que hice la mili en la prehistoria soy partidario del régimen militar en las escuelas. Pero no de cualquier régimen militar, del régimen militar chusquero. Así aprenderán los adolescentes y jóvenes en general a no ser... tan jóvenes y a no provocar con su juventud, qué cojones. ¡Sus órdenes, mi sargento! Se retira a sus aposentos el soldado zapador Hernández.

Francisco Sianes dijo...

Mi querido amigo,

Olvídese. La disciplina ha muerto (la hemos matado entre todos). No digamos el esfuerzo. Y con ellos, pese a la complacencia de los postmodernos, se da carpetazo a la civilización.

Del ejército de la educación sólo quedan solitarios y estragados francotiradores.