Francisco, el mundo está en pañales en cuanto a “educar” se refiere, por lo que sólo podemos insistir en la teoría ya que la violencia en las aulas no es más que la reproducción de la violencia en la calle, y tal vez hagan falta muchos años para que nuevas generaciones de padres e hijos aprendan las primeras letras del alfabeto de la convivencia en un mundo pacífico y justo.
Me temo que no es cuestión de discursos, sino de hechos. Los discursos ya suenan fatigados en nuestros labios.
En España, la violencia escolar y el analfabetismo funcional se han extendido como un virus desde la implantación de la actual ley de educación. No quiero resultar tedioso; pero hay muchos factores responsables del desastre del sistema educativo público español:
- Las leyes que desprecian (literalmente) los conocimientos. Su objetivo es adoctrinar y analfabetizar. A cambio: el regalo de títulos. Una mezcla de cambalache e ingeniería de tontos útiles.
- Los votantes que apoyan a los partidos que promulgan esas leyes. Como dice un compañero: las masas reclaman pan y títulos. Al precio que sea preciso.
- Los psicopedagogos -que no han pisado una clase en su vida- y actúan como inquisidores y númenes airados contra los "reaccionarios profesores". Son el órgano ideológico de la socialdemocracia de ficción.
- La soberana infantilización de la sociedad (que no es una abstracción: es la consentida infantilización de Francisco, Pablo, Inés). Queremos todos los derechos, no asumimos ningún deber. El crepúsculo de la responsabilidad.
- La dejación de funciones de buena parte de los padres. Hoy, los profesores debemos ejercer de padres, psicólogos, animadores socioculturales, cumplimentadores de papeleo inútil y chivos expiatorios. Todo menos transmitir conocimientos, acusado de reaccionario y anticuado. Ahora debemos difundir la verdad revelada que mantendrá a nuestros políticos en sus cargos.
- La destrucción sistemática de los valores de la disciplina, el esfuerzo, la autoridad, el estudio, la excelencia intelectual y el saber humanístico. Hablar hoy de centros de enseñanza es una cínica antítesis.
Todo ello conforma la ideología de la izquierda asistencial o clientelar: aquella que fomenta una igualación a la baja de la sociedad, sustentada en un sistema que convierte la mediocridad en dios y la excelencia en hereje. Esa autoproclamada izquierda que, con la destrucción del sistema educativo público, ha hundido aun más a las clases desfavorecidas. La única baza con que cuenta el humilde para competir con el acomodado (que parte de una situación social y cultural infinitamente más ventajosa) es recibir una educación rigurosa y exigente. Pero de eso no queda nada. Es más, el discurso políticamente correcto y paternalista de nuestros partidos "izquierdistas" culpabiliza al disidente que denuncia esa repugnante manipulación ideológica.
Lo sabía Stendhal: uno coloca un espejo ante la podredumbre y los contaminadores acusan al que denuncia. También lo sabía Raymond Aron, de quien parafraseo "El opio de los intelectuales" para acabar alertando contra nuestros gerifaltes, que han convertido su doctrina psicopedagógica y política en una verdad revelada cuyo carácter políticamente correcto y profético la salvaguarda de poder ser rectificada por algo tan trivial como la realidad de los hechos.
Hay tardes enteras que ha pasado hojeando -sin apenas leer, por el entrañable placer de acariciarlos, olerlos, tenerlos cerca- los manoseados volúmenes de sus estanterías. Rara es la semana que ha dejado pasar sin escribir a mano una carta a un antiguo maestro, al que un día temió y hoy aprecia. Alguna vez, algún vecino curioso podría descubrirlo en ensimismada contemplación tras la ventana; podría acaso pensar que alguna melancolía lo aturde o acosa: él sólo escucha una música lejana o el calmado discurrir de sus ritmos interiores. Nunca un café se alargó como aquel que compartía con ella las soleadas e infinitas mañanas de domingo, a la sombra del árbol que plantara su abuelo. Nadie encontrará con más facilidad una excusa para interrumpir sus paseos por la playa en penumbra, tal como los interrumpía con ella, ahora que ella le falta. Jamás un latido ha durado tanto. Sin duda, observadores imparciales que nada saben ni quieren saber de él dictaminarían, con justicia, que ha perdido el tiempo. Él, si tuviera el valor de contestar, sin exigirles comprensión y con no menos justicia, sostendría que ha ganado una vida.
3 comentarios:
Francisco, el mundo está en pañales en cuanto a “educar” se refiere, por lo que sólo podemos insistir en la teoría ya que la violencia en las aulas no es más que la reproducción de la violencia en la calle, y tal vez hagan falta muchos años para que nuevas generaciones de padres e hijos aprendan las primeras letras del alfabeto de la convivencia en un mundo pacífico y justo.
Amiga,
Me temo que no es cuestión de discursos, sino de hechos. Los discursos ya suenan fatigados en nuestros labios.
En España, la violencia escolar y el analfabetismo funcional se han extendido como un virus desde la implantación de la actual ley de educación. No quiero resultar tedioso; pero hay muchos factores responsables del desastre del sistema educativo público español:
- Las leyes que desprecian (literalmente) los conocimientos. Su objetivo es adoctrinar y analfabetizar. A cambio: el regalo de títulos. Una mezcla de cambalache e ingeniería de tontos útiles.
- Los votantes que apoyan a los partidos que promulgan esas leyes. Como dice un compañero: las masas reclaman pan y títulos. Al precio que sea preciso.
- Los psicopedagogos -que no han pisado una clase en su vida- y actúan como inquisidores y númenes airados contra los "reaccionarios profesores". Son el órgano ideológico de la socialdemocracia de ficción.
- La soberana infantilización de la sociedad (que no es una abstracción: es la consentida infantilización de Francisco, Pablo, Inés). Queremos todos los derechos, no asumimos ningún deber. El crepúsculo de la responsabilidad.
- La dejación de funciones de buena parte de los padres. Hoy, los profesores debemos ejercer de padres, psicólogos, animadores socioculturales, cumplimentadores de papeleo inútil y chivos expiatorios. Todo menos transmitir conocimientos, acusado de reaccionario y anticuado. Ahora debemos difundir la verdad revelada que mantendrá a nuestros políticos en sus cargos.
- La destrucción sistemática de los valores de la disciplina, el esfuerzo, la autoridad, el estudio, la excelencia intelectual y el saber humanístico. Hablar hoy de centros de enseñanza es una cínica antítesis.
Todo ello conforma la ideología de la izquierda asistencial o clientelar: aquella que fomenta una igualación a la baja de la sociedad, sustentada en un sistema que convierte la mediocridad en dios y la excelencia en hereje. Esa autoproclamada izquierda que, con la destrucción del sistema educativo público, ha hundido aun más a las clases desfavorecidas. La única baza con que cuenta el humilde para competir con el acomodado (que parte de una situación social y cultural infinitamente más ventajosa) es recibir una educación rigurosa y exigente. Pero de eso no queda nada. Es más, el discurso políticamente correcto y paternalista de nuestros partidos "izquierdistas" culpabiliza al disidente que denuncia esa repugnante manipulación ideológica.
Lo sabía Stendhal: uno coloca un espejo ante la podredumbre y los contaminadores acusan al que denuncia. También lo sabía Raymond Aron, de quien parafraseo "El opio de los intelectuales" para acabar alertando contra nuestros gerifaltes, que han convertido su doctrina psicopedagógica y política en una verdad revelada cuyo carácter políticamente correcto y profético la salvaguarda de poder ser rectificada por algo tan trivial como la realidad de los hechos.
Para más información:
http://latorredemontaigne.blogspot.com/2007/06/lo-largo-de-los-ltimos-meses-he.html
http://latorredemontaigne.blogspot.com/2007/09/la-escuela-de-la-esperanza.html
http://latorredemontaigne.blogspot.com/2008/02/el-ltimo-batalln-homenaje.html
etc.
Un abrazo.
opino también que hay falta de tacto en la educación, me refiero a los abrazos.
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