jueves, 24 de abril de 2008

Musa

A veces es el águila que inventa el Norte, la muchacha que arrebata de la rama las cerezas sangrientas, el hocico de un caballo cuyo vaho asciende con el alba (¿cómo es que puede contenerlo el mundo?): y aquí la fiebre que se enciende al contacto con las cosas -blanca corola, tumba, melodía-, lluvia o granizo que vulnera la quietud del lago. La muesca del relámpago la apresa la pupila. Las manos manan. El roturado corazón, península del cielo, florece al sol por sus heridas.

5 comentarios:

un visitante circunstancial dijo...

Te felicito por la ilimitada capacidad creativa que tienes. Mereces la publicación (en libro, quiero decir).

Saludos

Idea dijo...

Francisco, la Musa me ha desconcertado, no lo sé de cierto, pero lo imagino.

David J. Calzado dijo...

Come me gusta este texto, cómo me gusta lo que puedo imaginar a partir de él. Con admiración, su pupilo.

elena dijo...

“Yo me pregunto a veces si la noche
Se cierra al mundo para abrirse o si algo
la abre tan de repente que nosotros
no llegamos a su alba, al alba al raso
que no desaparece porque nadie
la crea: ni la luna, ni el sol claro.
Mi tristeza tampoco llega a verla
tal como es, quedándose en los astros
cuando en ellos el día es manifiesto
y no revela que en la noche hay campos
de intensa amanecida apresurada
no en germen, en luz plena, en albos pájaros.
Algún vuelo estará quemando el aire,
No por ardiente sino por lejano.
Alguna limpidez de estrella bruñe
los pinos, bruñirá mi cuerpo al cabo.
¿Qué puedo hacer sino seguir poniendo
la vida a mil lanzadas del espacio?
Y es que en la noche hay siempre un fuego oculto,
Un resplandor aéreo, un día vano
Para nuestros sentidos, que gravitan
hacia arriba y no ven ni oyen abajo.
Como es la calma un yelmo para el río
así el dolor es brisa para el álamo.
Así yo estoy sintiendo que las sombras
abren la luz, la abren, la abren tanto
que la mañana surge sin principio
ni fin, eterna ya desde el ocaso”


Don de la ebriedad (II), Claudio Rodríguez.


… hay desórdenes que ordenan…


¡Besos!

Francisco Sianes dijo...

Visitante,

Espero verte por aquí alguna otra vez bajo un nombre por el que pueda agradecer tu amabilidad y tus palabras.

***

¿Qué te desconcertó, Idea?

***

Amigo David,

Tú sabes mejor que nadie que no nos corresponde el mérito del hallazgo. Sí el deber del agradecimiento por las palabras compartidas y las que espero compartir contigo.

***

Y al otro extremo del hilo que nos permite mantener el rumbo entre el desorden, Elena, tú.