martes, 22 de julio de 2008

Glosa a una sentencia de Anaximandro

De donde las cosas nacen, hacia eso perecen, según la necesidad; pues dan justicia y pago unas a otras de la injusticia, según el orden del tiempo.

Todo amor triunfante se precipita inexorablemente a su derrota.

7 comentarios:

Idea dijo...

¿¿¿Cuan trágico y cierto al mismo tiempo!!!

ELENA dijo...

El amor acompaña ese orden, incluso para saber precipitarse a tiempo. Nada iluminado por amor es una derrota.

ELENA dijo...

Por cierto, me gusta la nueva etiqueta :)

Besos!!

Pilar dijo...

Yo tampoco creo que sea derrota a lo derive este triunfo en la línea del tiempo. Más de uno se volvería loco o suicida en potencia si descubriera que no tiene nada que ganar o perder en esto del amor. A veces se expande hasta sorprendernos y otras, sin previo aviso, se colapsa y desploma.
Pero claro, te lo dice alguien empeñada en hacer de esta tragedia universal un sencillo e inevitable placer... Así me va ¬¬...
Un abrazo.

ELENA dijo...

Pilar, estoy de acuerdo contigo que nada se pierde o gana.
Yo más que un placer (que también, pero no siempre) lo siento como un timón, un sentimiento que me mueve y orienta a la vida,con todas sus consecuencias e independiente de los resultados :)

Un abrazo.

Cristina Chacón Moreno dijo...

He leído este articulo al menos 5 veces seguidas, me ha producido una gran reflexión y diferente en cada momento que lo he vuelto a leer.
¿Acaso la derrota o el fracaso no forma también parte del amor?
No se ama si en algún momento no se sufre.
Al igual que una flor nace de la tierra, de nuevo, perece en la tierra, pero de esta surgirá una nueva flor.
No podría estar más de acuerdo con tus palabras, Francisco.



Por cierto, he leído algunos libros que me recomendaste, uno de ellos, quizás por el momento el que mas me ha gustado, El guardián entren el centeno, como diría Holden (el protagonista): ¡Jo! ¡No te imaginas cuanto me ha gustado! De verdad.
Gracias de nuevo.


Un caluroso beso.

Francisco Sianes dijo...

Idea, Pilar, Elena,

Tragedia, placer o timón, no hay duda que en sus procelosas travesías uno encuentra menos exploradores que piratas.

Un beso a cada una.

***

Cristina,

A Holden es imposible no tomarle cariño. Recuerdo que, en mi época de estudiante en el instituto, un amigo (no menos excéntrico que Cauldfield) estaba tan obsesionado con el libro que comenzaba una y otra vez pastiches del "Guardián" e incluso utilizaba en su conversación los giros propios de su protagonista. Como me consta que conoce este blog, le mando un cariñoso saludo.

Me alegro de que te hayan gustado los libros. El amor es aun más intenso y peligroso que la literatura. Pero, en ese ámbito, no me atrevo a dar consejos.

Un cariñoso abrazo.