viernes, 20 de mayo de 2011

¿Indignaos?

En el autobús, un joven y una mujer mayor charlan sobre las revueltas del 15 de mayo. Ella lo anima:

- Me parece muy bien. ¡Ya era hora de que los jóvenes hicierais algo!

No pretendo analizar en profundidad ni evaluar este movimiento, sólo hacer unas precisiones telegráficas:

1) Los jóvenes -y no sólo los jóvenes- siempre hacen política ("algo"). El individuo que ha sido socializado y habita en una polis está obligado a hacer política. Lo desee o no. Tanto la acción como la omisión tienen consecuencias políticas de las que somos responsables y que influyen en el curso de los acontecimientos. En sociedad, la pasividad es actividad; y abstenerse, actuar.

2) Hay cosas que merecen ser cambiadas; otras muchas, preservadas. Alabar la rebeldía en sí es tan absurdo como encomiar en sí la aquiescencia. Rebeldes fueron el hijo de Dios y Lucifer: cada quien podrá considerarse correligionario de uno de los dos o de ninguno; pero no de ambos.

3) Lo relevante no es si los "indignados" (o los "no indignados") son rebeldes o conformistas, sino qué propuestas políticas concretas apoyan con su conformidad o su rebeldía.

4) La indignación sólo es útil como movilizador. Y sólo si viene acompañada de una combinación de reflexión y acción, prudencia y arrojo; de honradez y coherencia; de imaginación y creatividad ética, estética y política.

5) Todo ello se refleja en dos aspectos que, a menudo, irracionalmente, se consideran opuestos: los medios y los fines. Es preciso juzgar toda acción política por los fines concretos a los que aspira y por los medios concretos que postula para alcanzarlos.

En este caso, conocemos algunos medios; aquí, se pueden consultar sus fines:

http://democraciarealya.es/?page_id=234

Conviene, primero, reflexionar detenidamente sobre ellos; y, luego, no sólo indignarse o congratularse, sino -una vez más- reflexionar y actuar.

14 comentarios:

an dijo...

acertado análisis.
en principio comulgo con las propuestas de "democracia real ya", los medios yo no los conozco... no he participado en este movimiento porque no me fío de las "masas", sean las que sean, siempre me pregunto si ha sido un movimiento realmente espontáneo, nacido de él mismo, o provocado por algún interés oculto.
...aunque en estos sitios se liga mucho...

Maribel dijo...

Me alegra mucho saber que a pesar de los años, Señor Sianes, no ha cambiado una pizca su modo de pensar acerca de los jóvenes; quizás deba aprender un poco de Ortega y Gasset y de tanto en tanto, ponerse en el lugar del prójimo (ya sabes, eso de “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”).

En fin, que los jóvenes tenemos la culpa de todo, contigo, es algo que he aprendido a asimilar. En esta sociedad en la que vivimos, si los jóvenes actúan y se ponen en huelga, son unos revolucionarios y si no actúan, se echan al saco del “pasotismo”. Una pena que nunca llueva a gusto de todos, ¿no crees?

Creo que, hablando de jóvenes siempre olvidas lo único que recuerdo de tus clases de Lengua y Literatura: “Los jóvenes SOMOS lo que el resto de la sociedad ha hecho que seamos”. Si no entendemos de política, es porque nadie nos la ha enseñado; y si entendemos “algo” es porque existe a nuestra espalda una persona (padre, madre, tío, primo, abuelo, amigo o incluso profesor) que, de forma expresa o no, nos incita a formar parte de algún movimiento político.

Por ejemplo, tengo un amigo que desde pequeño es fiel seguidor de Franco. Se conoce su bibliografía entera y no por haberla leído, sino porque su abuelo –figura idealizada por un niño de 3 años- era el corresponsal del caudillo en la Sierra de Cádiz y se benefició mucho a su costa. Su abuelo mató a muchísima gente, pero para mi amigo, su abuelo es la reencarnación del Dios Salvador. Votará y apoyará al partido de derecha aunque éste asesine al país entero, porque eso es lo que le han inculcado.
De igual forma, te escribe una ex – alumna que no estudió el Gobierno de Aznar para el examen de Historia en Selectividad; y no por no querer, ni por falta de tiempo, sino porque el profesor de Historia (al que por otro lado voy a adorar siempre) se negó rotundamente a explicarlo, por ir éste en contra de sus creencias políticas.

De cara a las próximas elecciones, al menos yo, lo tengo claro: José Saramago, “Ensayo sobre la Lucidez”.

¿Podrías, “por-fa-please”, hacerme el favor alguna vez de, previo artículo, ponerte en el lugar del otro, reflexionar, y luego actuar –palabras tuyas, que no mías-? Piensa que los jóvenes somos como un volumen de plastilina que la sociedad moldea a base de golpes. Piensa, a su vez, que las personas mayores constituyen la plastilina a los largo de los años, que tras mucho airearse, no permite cambio en su forma, por muchos “martillazos” que tú le des. Y piensa que NINGUNA plastilina ha nacido moldeada [Nota: ¿Podrías explicarme por qué la gente se aferra tanto al presente? Parece que el sinónimo de Profesor es ir en contra de los alumnos (llámese jóvenes) de igual forma que el de un Padre es ir en contra de sus hijos. Ambos quieren el bien del otro, pero a la hora de actuar y elegir el mejor método parecen olvidar quiénes son y de dónde han venido, pues todos hemos sido alumnos e hijos alguna vez, y como tal hemos actuado en beneficio propio. Y no me vale la excusa de: “No quiero que cometas los mismos errores que cometí yo”].

Me gustaría aclarar y matizar muchas cosas pero, puff… para variar me ha quedado largo… y hoy no dispongo de tiempo suficiente (mañana tengo examen).

Espero que todo te haya ido bien en estos últimos años; y que siga siendo de igual manera en los próximos.

Espero –de nuevo- que no te moleste que entre aquí de vez en cuando, juro no molestar demasiado y no cometer demasiados errores de expresión y puntuación “profe” 

Un saludo enorme.

an dijo...

según parte de este comentario de maribel, me pregunto si no será más práctico dejar de intentar cambiar el mundo (o el sistema) y más bien procurar evitar que él nos cambie.

Francisco Sianes dijo...

Hola, Maribel.

Me alegro de poder charlar contigo de nuevo. No puedo extenderme mucho: como tú, tengo exámenes (que corregir y ¡que hacer!: en ciertas cosas, no me cuesta nada ponerme en lugar de los otros porque sigo siendo -como Rimbaud- un "otro").

Había pensado en glosar tu texto (deformación profesional) parte por parte; pero me voy a limitar a comentar algunas ideas significativas.

Ante todo, me sorprende el tono agresivo e indignado de tu artículo (muy acorde, eso sí, con el lema de los tiempos). Muchas veces, en los intercambios intelectuales sucede lo mismo que en los amorosos: tendemos a recriminar al otro los defectos que uno (así sea inconscientemente) reprueba de sí mismo. Para que evites eso, te pediría no que te pongas en mi lugar, sino sencillamente que LEAS lo que he escrito y me señales dónde sostengo que "los jóvenes tienen la culpa de todo".

Si hay algo fastidioso para un lector es que el escritor se repita a sí mismo; pero prefiero resultar redundante a ser descortés (o, peor aun, desalentador). En mi artículo (mejor: apunte), no sólo no me centro en los jóvenes, sino que subrayo que cualquier revuelta política (ésta incluida) nunca es sólo cosa de jóvenes. Sugiero que la postura de "¡qué bien que los jóvenes hagáis al fin algo!" es una estupidez. Primero, porque los jóvenes (y los no jóvenes) que viven en una polis siempre "hacen algo" políticamente (incluso desentenderse por completo de la política es "hacer algo": una opción política). Segundo, porque lo relevante, lo digno de elogio o refutación no es "hacer algo" sino qué se hace en concreto.

Congratularse porque los ciudadanos (jóvenes o no) "salgan a la calle" es una soberana idiotez: pueden salir (y, de hecho, salen) a reivindicar cosas plausibles o a exigir puras necedades. Como sabes, Franco fue tan "rebelde" como lo fue Gandhi. Lo que debe merecer nuestro apoyo no es la rebeldía en sí misma: sino una rebeldía (¡o la defensa de un orden!) que nos parezca justa en sus medios y fines.

Sólo una cosa más: afirmas que los jóvenes sois como plastilina en manos de los adultos. No puedo entrar ahora en esa cuestión con profundidad [me consta que eres buena lectora: te interesará el libro "La tabula rasa" de Steven Pinker.]. Sí quiero subrayar el peligro de llevar esa idea hasta sus últimas consecuencias. Es obvio que la influencia del entorno en un joven es enorme; pero absolutizarla conduce a uno de los mayores peligros de toda convivencia ciudadana: la tentación de eximirnos de la responsabilidad de nuestras ideas y nuestros actos ["La tentación de la inocencia" de Pascal Bruckner, ¡otro libro iluminador!]. Si admiro a alguien es al joven que abandona la cómoda administración de su indignación ("¡indignaos!") y emprende el arduo camino de la madurez y la responsabilidad.

Te recomiendo las páginas finales de "La política como vocación" (incluida en "El político y el científico") de Max Weber y que hoy he releído -como siempre- con la piel de gallina. Es una conferencia que dio (a raíz de las peticiones de sus alumnos) ante la revolución inminente que -como Weber sospechaba- acabaría en tragedia. En ella, recomienda a sus discípulos prudencia política: esa aristotélica y denostada virtud.

Es destino de los profesores es ser malentendidos por sus alumnos (no siempre por los peores; y, en ocasiones, fecundamente); pero no se escapa a los maestros que los cobros de indignación de sus alumnos responden, a veces, a una deuda de amor. Y hablo de ese "amor cívico" que -me consta- también recuerdas de las clases. ;-)

[El texto de Weber:

http://www.estudiospoliticos.ufm.edu/uploads/assets/digitallibros/Weber%20Max%20-%20El%20Politico%20Y%20El%20Cientifico.pdf

Págs. 36, 37 y 38.]

Francisco Sianes dijo...

An,

En otro momento sigo contigo, que no doy abasto... :-)

J. dijo...

Amén, amigo Sianes. Responsabilidad e indignación no deberían ser términos excluyentes. La ingenuidad, más que la corrupción, es la que acaba con los buenos propósitos.

Francisco Sianes dijo...

Sí, amigo J., la ingenuidad politica se convierte a veces en un arma cargada de seguridades. Junto a ellas, no está de más que ofrezcamos también nuestras vacilaciones.

doscontratres dijo...

Amigo Sianes:
Comparto mucho de sus precisiones, además de la juventud cogida por los (cada vez más escasos) pelos. Pero no son revueltas lo que hay en Sol. Tampoco creo que sea una revolución, a pesar del nombre con que algunos lo definen.

Maribel:
Entiendo lo que dices, en un ejercicio de empatía cada vez más difícil según suman los años. Pero no puedo compartir tu idea de que el sujeto es pasivo en su proceso de desarrollo. No somos (ni de jóvenes ni nunca) plastilina, moldeada únicamente desde fuera. Somos también el escultor que trabaja su propia masa, responsables de la forma que vamos tomando. A esa responsabilidad apela Sianes en los jóvenes. No basta con dejar que el mundo nos moldee. De hecho, el movimiento del 15 de mayo reclama más acción ciudadana en todos los ámbitos, una participación que no se limite a dejar un sobre con una papeleta (o vacío) en una urna cada cuatro años. Creo que muchos de los mensajes son un espejo en el que cada uno debería mirarse, y juzgar no sólo a los banqueros o a los políticos, sino cada acción, cada decisión que tomamos, para ver en qué dirección está apuntando.
Si estás estudiando para los exámenes (suerte con ellos), es porque tú eres responsable de muchas de las cosas que te sucedan, y eres consciente de ello.
Si compro o me quejo de los políticos, tengo que preguntarme qué hago yo, cómo hago yo mi trabajo. El primer ejercicio de responsabilidad es pensar, reflexionar, cuestionarse. Lo que todavía no sé es dónde nos llevará esto.

Francisco Sianes dijo...

Me alegro de verte de nuevo por aquí, amigo doscontratres.

Como el asunto lo merece, otro día te contesto (estos días estoy de examinador y examinado) con un poco más de calma y reposo.

____


Y -por seguir haciendo pedagogía con un puntito de guasa- once consejos de Bill Gates a los jóvenes.

* La vida no es justa, acostúmbrate a ello.

* Al mundo no le importará tu autoestima. El mundo esperará que logres algo, independientemente de que te sientas bien o no contigo mismo.

* No ganarás 5000 dólares mensuales justo después de haber salido de la preparatoria y no serás un vicepresidente hasta que con tu esfuerzo te hayas ganado ambos logros.

* Si piensas que tu profesor es duro, espera a que tengas un jefe. Ese sí que no tendrá vocación de enseñanza ni la paciencia requerida.

* Dedicarse a cocinar hamburguesas no te quita dignidad. Tus abuelos te­nían una palabra diferente para describirlo: lo llamaban Oportunidad.

* Si metes la pata, no es culpa de tus padres, así que no lloriquees por tus errores: aprende de ellos.

* Antes de que nacieras, tus padres no eran tan "aburridos" como son ahora. Ellos empezaron a serio por pagar tus cuentas, limpiar tu ropa y escu­charte hablar acerca de la nueva onda en la que estabas. Así que, antes de em­prender tu lucha por las selvas vírge­nes contaminadas por la generación de tus padres, inicia el camino limpiando las cosas de tu propia vida; empezando por tu habitación.

* En la escuela puede haberse eliminado la diferencia entre ganadores y perdedores, pero en la vida real no. En algunas escuelas ya no se pierden años lectivos y te dan las oportunidades que necesites para encontrar la respuesta correcta en tus exámenes y para que tus tareas sean cada vez más fáciles. Eso no tiene ninguna semejanza con la vida real.

* La vida no se divide en semestres. No tendrás vacaciones de verano largas en lugares lejanos y muy pocos jefes se interesarán en ayudarte a que te encuentres a ti mismo. Todo esto tendrás que hacerlo -si lo deseas - en tu tiempo libre.

* La televisión no es la vida diaria. En la vida cotidiana, la gente de verdad tiene que salir del café, de la película, para irse a trabajar.

* Sé amable con los "empollones". Hay muchas probabilidades de que termines trabajando para uno de ellos

Maribel dijo...

Francisco,

He tenido que recorrerme de nuevo medio blog para releer el artículo, pero ha merecido la pena; no sé si te lo había dicho antes, pero me gustó muchísimo el artículo que titulaste “La Arquitectura del Ocaso” (sobretodo, como comprenderás, el título). Con todo, habría que añadir, el punto de vista (desde dónde lo han visto) de los principales partícipes: los alumnos. Y así el lector conocerá globalmente la situación y podrá opinar objetivamente.

Respecto a lo anterior, no tengo demasiado tiempo para contestarte, además, me parece un tema taaaan interesante que sumado a tu artículo, daría para una buena entrada en mi blog. :P

Con todo, no quiero que te quedes con “Ante todo, me sorprende el tono agresivo e indignado de tu artículo (muy acorde, eso sí, con el lema de los tiempos).”, porque no he pretendido en ningún momento provocar, violentar u ofender. Si lo has tomado así, créeme, lo siento de veras. Pero, no me ha quedado claro la parte del lema de los tiempos, porque creo que, si algo puedes recordar de mí, es que no voy por el camino de muchos. Supongo que te gusta mucho generalizar :)

Sin embargo voy a comentarte un poco los consejos de Bill Gates a los jóvenes -que por cierto, me han gustado mucho:

* Sí gracias, es algo que, sorprendentemente, nunca me habían dicho. Algo que, fíjate, acabo de darme cuenta ahora mismo.

* Y yo esperaré pacientemente que mi esfuerzo sea recompensado por el mundo… (la paciencia es una virtud)

* Siempre queda la esperanza: esa luz que te incita a seguir adelante para procurar alcanzar lo que te planteas.

* He tenido jefe, y no uno sino varios. Créeme, a veces no sabría decir qué es peor. Dudo muchísimo que todos trabajen por vocación y dispongan de la paciencia adecuada. De creerse esta milonga parten algunos de los problemas de la enseñanza.

* Era otra época. Tener un hijo músico o escritor, lo llamaban DESGRACIA; hoy en día, se llama TALENTO.

* Si metes la pata, no es culpa de tus padres, así que no lloriquees por tus errores: aprende de ellos. Tal cual, completamente de acuerdo.

* La limpieza la llevo bastante bien. En cuanto a mis padres… Sonará egoísta por mi parte, pero, yo no les pedí que me trajeran al mundo. Ellos deben ser responsables de sus actos, si me tuvieron, deberían haber previsto una serie de gastos. Que yo en un futuro no tan lejano, les agradezca muchísimo haberme dado la vida, haberme educado y haberme mantenido, es cosa mía. Cada cual calla su conciencia como quiere.

* Sí, en la escuela. Y en el instituto permitían copiar y pegar cambiazos (permitir este tipo de cosas es un tema entero en oposiciones para profesorado)

* Hombre, uno siempre puede ser su propio jefe. En su defecto puede buscarse un empleo con largas vacaciones (ser profesor, por ejemplo). O, si como yo, amas tu carrera y el trabajo que se realiza en ella y consigues trabajo en ese ámbito, tendrás vacaciones todo el año.

* Lo dicho: que cada uno viva su vida como mejor le convenga.

* Bueno, siendo así, intentaré ser una buena jefa. :P

Y me voy a seguir con construcción…

Un saludo

an dijo...

Mira tú, jamás pensé que me fueran a parecer tan coherentes los consejos de Bill Gates. Aunque no creo que se atreva a reconocer, y menos a aconsejar, que para ganar mucho dinero, como él, hacen falta muy pocos escrúpulos.

Maribel dijo...

Doscontratres (por cierto, “mola” este nick):

No puedo estar más de acuerdo contigo: quizás no somos un sujeto pasivo completamente. Pero, si no lo somos “(ni de jóvenes ni nunca)”, ¿qué responsabilidad se puede pedir a un niño? ¿Tiene acaso conciencia de sus actos? Supongo que no. Entonces, ¿dónde está el límite en que uno puede considerarse persona responsable y como tal, comenzar a moldear su propia plastilina? Creo que esa época que entonces comienza, podría llamarse “Madurez”. Pero, ¿cuándo comienza? ¿Cuál es el segundo exacto del minuto, de la hora, del día, del mes, del año, en que uno puede comenzar a comprometerse con su futuro y a tomar en consideración cada acto –pasivo o no- que realiza?
Desde dónde yo lo veo –y te aseguro que lo veo día a día- todos tenemos derecho a equivocarnos y madurar el día que nos salga de la punta de la nariz. Si tengo unos padres geniales que me miman muchísimo y me “sacan las castañas del fuego cada vez que me meto en líos”, olé por mí. Todos terminamos madurando algún día pero no hay que “forzar” la llegada de ese día. No hay que agobiar a los jóvenes -y no tan jóvenes- a base de apelaciones –un tanto intimidatorias-, sino aconsejarlos de buenas formas, para que el día que tomen en consideración su futuro se den cuenta del tiempo perdido y de lo buenos que fueron papá y mamá.
Dos ejemplos:
*Hay un chico en mi clase que hasta hace unos años era un tanto “inmaduro”. Teniendo buen cuerpo y buena conversación se dedicaba a intimar con todas las chicas de la clase, dejando un poco olvidadas sus responsabilidades en la universidad. Los padres, sin embargo estaban un poco engañados y confiaban plenamente en su “criaturita”. Actualmente, viéndose en muchas asignaturas con chicos 3 años menores, y teniendo que salir a buscar dinero (porque no hay becas y papi y mami se niegan a seguir pagando), ha visto con otros ojos la carrera y no puedo decir que le vaya mal. Sí, le ha costado comprometerse, pero cuando a la plastilina le hemos quitado un trozo, parece que ha despertado y a revivido con mayor fuerza.
*Un amigo de mi pueblo, se negaba rotundamente a actuar en política. Consideraba que los políticos eran corruptos y ambiciosos y que, no siendo de su importancia ese tema, no estaba obligado a votar. Hace 4 años, efectivamente no votó. El año pasado lo echaron de su trabajo, y durante la época de convenios entre trabajadores y empresarios, recibieron mucha ayuda del Alcalde. Este año, bien temprano se ha levantado para votar, no vaya a ser que le sorprendan con otro despido improcedente.
Con esto quiero decir que, aunque seamos responsables de nuestros actos, en cierta forma el entorno en el que vivimos y nuestras propias circunstancias son las que nos ayudan a dar ese paso a la “madurez” que no se enseña a base de apelaciones sino a base de golpes (“no hay mal golpe que por bien no venga”). En muchas ocasiones –en casi todas- hace falta un estímulo para empujarnos a pensar -y a actuar. Y los estímulos no se enseñan, que yo sepa.

No sé si me he explicado del todo bien, pero creo que se entiende.

Un saludo.

Francisco Sianes dijo...

Maribel,

Mejor que agresivo debí escribir quizá "exaltado" (más que nada por atribuirme palabras nunca he escrito ni dicho). Lo de "acorde con el lema de los tiempos" lo digo por el tono indignado.

En otro orden de cosas, yo diría que lo importante no es ir por el camino de los muchos o los pocos, sino por el camino adecuado: esté abarrotado o solitario.

Y no es que me "guste" generalizar: es que no hay más remedio. Pensar, reflexionar, teorizar, opinar, incluso hacer ciencia implica necesariamente establecer generalizaciones. Ésta es una de las cuestiones que más me desesperan en los debates en clase o en tiempo de ocio. Siempre hay quien, ante una opinión, salta indignado (o, mejor, indiganada: es ésta una indignación más típicamente femenina): "¡Es que no se puede generalizar!"

Pues lo lamento: los españoles son -en general- más bajos que los alemanes (sí, aunque Pau Gasol sea altísimo); los japoneses -en general- más formales que los italianos (por mucho que mi primo Luiggi sea la educación en persona); y las mujeres -en general- más inteligentes y charlatanas que los hombres (aunque algunos nos enrollemos cual persianas).

Cosa distinata es "totalizar", "absolutizar"; esto es: "todos los españoles son más bajos que cualquier alemán"; "todos los japoneses son más formales que cualquier italiano"; "todas las mujeres son más charlatanas que cualquier hombre" [bueno: esto último es casi casi cierto.]

Sobre el tema del Movimiento 15-M -como le he dicho al amigo doscontratres- escribiré alguna cosilla a ratos sueltos, cuando vaya teniendo algún hueco. Así que lo dejo pendiente.

Respecto a lo de Bill Gates, yo sólo espero una cosa. Que los jóvenes inteligentes y disciplinados, en efecto, lleguéis a ser los "jefes" y que listos y torpes, vagos y currantes trabajéis lo suficiente como para que pueda jubilarme y cobrar mi pensión.

No querría morir, centenario, a la salida de una clase de 2º de ESO...

Un cordial saludo.

Francisco Sianes dijo...

An,

Completamente de acuerdo con tu pertinente (y malvada) apreciación. ;-)