martes, 26 de abril de 2011

P P P

Tiene alma de psicólogo quien te convierte en un conjunto de síntomas. Tiene alma de puta quien te convierte en un conjunto de dólares. Tiene alma de poeta quien te convierte en un conjunto de metáforas.

Dime en qué conjunto me conviertes y te diré qué eres.

13 comentarios:

an dijo...

según tú tengo alma de maestro, pues.

Francisco Sianes dijo...

¿Conviertes al otro en un conjunto de discípulos?

an dijo...

menudo trabalenguas. la respuesta es: no.

Francisco Sianes dijo...

Entonces, según yo, ¿por qué tienes alma de maestro, Angeliña de mis entretelas?

zhenda dijo...

¿será que todos tenemos parte de maestro y parte de discípulos? ¿será que no siempre sabemos cuál de los dos "papeles" debemos tomar? (extiéndase la pregunta a todos los campos, no sólo el de enseñanza-aprendizaje)

Francisco Sianes dijo...

Claro: todos somos una constelación de roles. Cada hombre es, en cierta medida, todos los hombres. Aunque no se trata de que ignoremos qué papel tomar, sino que -inevitablemente y con mayor o menor fortuna- los interpretamos todos.

Bienvenida, zhenda.

an dijo...

ay, se me fue sin querer mi viejo nick de mi viejo blog, zhenda, un alter ego de an, uno que ya no usa... pero esto de tener los correos de gmail vinculados...
tiene gracia, ha sucedido sin querer y casi ha venido a cuento con la conversación. jeje
a cuento de todo:
http://www.poesia-inter.net/og32008.htm

J. dijo...

Amigo Sianes:

Con qué agudeza rebaja vd. la metáfora a la condición de calderilla. Si no fuera por lo que ésta tiene de hallazgo fortuito (parafraseando a Brodsky, me atrevo a decir que la metáfora, como la belleza, es un subproducto de otra clase de empeño más corriente) se diría que, para el poeta, la metáfora viene a ser como el aforismo para el filósofo: el brillante resultado de su pereza.

Tenga cuidado con las almas, que las carga el diablo...

Un abrazo.

Francisco Sianes dijo...

An,

No soporto a Oliverio Girondo. Lo tengo por el "poeta" de los guays-alternativos-perrofláuticos (y -enlazando con el comentario de J.- de los vagos con ínfulas). Recuerdo una película infame titulada "El lado oscuro del corazón" en la que el Poeta (ojo a la mayúsculas) conversaba, con insufrible pedantería adolescente, con la Muerte. El Poeta citaba (¡terror!) a Benedetti y (¡horror!) a Girondo, en sonrojantes escenas que acabé viendo pues no quería ahuyentar con mis arranques biliosos a un tempranero ligue (¡qué amplias tragaderas tenía yo entonces!).

Dicho esto, ya sabes que a ti te pongo por encima y a salvo de nuestras discrepancias, mi irreconciliable y querida amiga. :-)

Francisco Sianes dijo...

Qué me va a decir a mí, amigo J., que tanto incurro en la indolencia aforística. No sería justo conmigo mismo, sin embargo, si no reconociera -orteguianamente- que la brevedad es la cortesía del filósofo. "Las pruebas" -decía Walter Benjamin- "cansan la verdad". Quien también decía que en los ámbitos que verdaderamente nos incumben, el conocimiento irrumpe como aforístico relámpago: el texto que lo fija es como el trueno que resuena después, largamente. La prolijidad, en los escritores, suele ser crematístico relleno. ¿Quién sería rentable con su antología de instantáneas epifánicas?

Respecto al alma, es uno de esos conceptos en desuso. Hoy, cuando incluso las palabras de la intimidad y la penumbra son expuestas a la luz del día, apenas es posible pronunciar -sin provocar alzamiento irónico de cejas- palabras como ternura, compromiso, alma, honor. No hay palabras más obscenas. Y me moviliza ese luciferino peligro.

Bienvenido de nuevo por esta casa.

J. dijo...

Ay amigo Sianes, si los escritores cobraran por palabras, casi todos se apurarían a escribir libros milenarios (de páginas). En cualquier caso sus Epifánicas instantáneas no me parecen hijas del bostezo. Todo lo contrario. Siga por ese camino que, como lector, me resulta tan grato recorrer.
Confío en venir por aquí con más frencuencia, y dejando huella de mi paso.

Francisco Sianes dijo...

A lo que yo aspiro, querido amigo, es a la maestría en el arte del monosílabo, de la interjección.

"¡Oh, sí!"

an dijo...

leído cocina :-)