Algo contradictorios me resultan estos pocos versos, Don Francisco, ya que si en principio (y en conjunto) transmiten una sensación de paz contemplativa positiva, el segundo verso pone un toque de acidez.
Me ha gustado la elipsis entre el tercer y el último verso.
Los tres primeros versos de esta humilde barcarola hablan de lo que cesa y se disipa: el calor y el día, la solidez de los afectos, la mirada que se agota y no puede seguir el paso de la belleza.
El mar, sin embargo (nagara), parece que velara cuando todo lo demás se ha disipado (o acaso sólo descansa).
Que esa efimereidad u obsolescencia provoquen paz o desasosiego depende ya de cada uno o de cada momento de cada uno.
Hay tardes enteras que ha pasado hojeando -sin apenas leer, por el entrañable placer de acariciarlos, olerlos, tenerlos cerca- los manoseados volúmenes de sus estanterías. Rara es la semana que ha dejado pasar sin escribir a mano una carta a un antiguo maestro, al que un día temió y hoy aprecia. Alguna vez, algún vecino curioso podría descubrirlo en ensimismada contemplación tras la ventana; podría acaso pensar que alguna melancolía lo aturde o acosa: él sólo escucha una música lejana o el calmado discurrir de sus ritmos interiores. Nunca un café se alargó como aquel que compartía con ella las soleadas e infinitas mañanas de domingo, a la sombra del árbol que plantara su abuelo. Nadie encontrará con más facilidad una excusa para interrumpir sus paseos por la playa en penumbra, tal como los interrumpía con ella, ahora que ella le falta. Jamás un latido ha durado tanto. Sin duda, observadores imparciales que nada saben ni quieren saber de él dictaminarían, con justicia, que ha perdido el tiempo. Él, si tuviera el valor de contestar, sin exigirles comprensión y con no menos justicia, sostendría que ha ganado una vida.
4 comentarios:
Algo contradictorios me resultan estos pocos versos, Don Francisco, ya que si en principio (y en conjunto) transmiten una sensación de paz contemplativa positiva, el segundo verso pone un toque de acidez.
Me ha gustado la elipsis entre el tercer y el último verso.
Un abrazo.
PD: ¿Nagara se refiere al Japón?
Amigo Andoba,
Los tres primeros versos de esta humilde barcarola hablan de lo que cesa y se disipa: el calor y el día, la solidez de los afectos, la mirada que se agota y no puede seguir el paso de la belleza.
El mar, sin embargo (nagara), parece que velara cuando todo lo demás se ha disipado (o acaso sólo descansa).
Que esa efimereidad u obsolescencia provoquen paz o desasosiego depende ya de cada uno o de cada momento de cada uno.
Un afectuoso abrazo.
a mi el poema me da hambre... debe ser por la hora que es.
voy a mojar un sol en tazón de mar, creo.
Poesía y amor bien podrían ser, querida An, esos alimentos que aumentan el hambre.
Aunque mojar(se) y saciar(se) -no me guardes rigor: echo de menos el humor español- tampoco es mal plan.
Un abrazo.
Publicar un comentario en la entrada