viernes, 21 de noviembre de 2008

Leopardos

A los filántropos por cuenta ajena*, que normalizan el delito y la barbarie en virtud de su mera recurrencia, les dedico esta parábola de Kafka. Lúcida. Terrible.

En el templo irrumpen leopardos y se beben el vino de los cálices; esto acontece repetidamente; al cabo se prevé que acontecerá y se incorpora a la ceremonia del templo.

* (El pedabobo es, con los considerables recursos que proporciona la petulancia, la línea más corta entre la ignorancia y la estupidez.)

1 comentario:

ana de la robla dijo...

Genialmente... bárbaro.